Si has notado que el estanque de combustible te dura menos que antes, el motor tirita al estar detenido o le cuesta arrancar por las mañanas, el culpable casi seguro son tus bujías. Esta pequeña pieza es el corazón de la combustión.

Las bujías se encargan de generar la chispa que enciende la mezcla de aire y bencina dentro del motor. Si la bujía está vieja, carbonizada o tiene la punta desgastada, la chispa será débil o fallará. Esto hace que se queme combustible de forma ineficiente, botando bencina cruda por el escape y disparando tu consumo mensual.

Tipos de bujías y su duración:

Bujías convencionales (Cobre): Son las más económicas y básicas. Deben cambiarse estrictamente cada 20.000 kilómetros.

Bujías de Platino o Iridio: Diseñadas para motores modernos de alta eficiencia. Tienen una punta ultra resistente que mantiene una chispa perfecta y duran entre 60.000 y hasta 100.000 kilómetros según la pauta oficial del fabricante.

Síntomas de bujías en mal estado:

Ralentí inestable: El auto detenido en un semáforo se siente tembloroso y las revoluciones suben y bajan solas.

Pérdida de potencia: Pisas el acelerador a fondo y el auto reacciona lento o da pequeños tirones.

Dificultad para encender: El motor de partida gira varias veces antes de lograr encender el auto en frío.

Reemplazar las bujías a tiempo protege las bobinas de encendido (que son carísimas) y te devuelve la potencia original del auto disminuyendo inmediatamente el consumo de combustible.

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